La historia del Bautismo

El Bautismo (Bautizo) es el rito de iniciación en la religión cristiana y consiste en una ceremonia en que la persona es purificada mediante el agua. En este aspecto, el agua tanto en la Biblia como en otras culturas siempre ha tenido un claro significado: limpieza, pureza, renovación de la vida, renacer,…
 
Los baños sagrados han sido frecuentes a lo largo de la historia como símbolo de purificación o entrada a una nueva vida. Ya en el Antiguo Testamento se relataba la inmersión como práctica de purificación, además de simbolizar la eliminación de impurezas morales o rituales.
 
En el cristianismo, el bautismo por inmersión siempre ha sido visto como una muerte de la antigua vida de pecado y un renacer a una vida nueva, que lleva consigo la purificación del pecado original.
En este aspecto, el bautismo predicado por Juan el Bautista implicaba la conversión moral de cara al reino de Dios que se acercaba. Jesús fue bautizado por el Bautista en el río Jordán. Posteriormente, el mismo Jesús, a través de sus enseñanzas, enviaba a sus discípulos a bautizar a todo el mundo "en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo".
 
Cabe destacar que en el cristianismo, el bautismo es el primer sacramento y el primer paso que los cristianos dan al entrar en la Iglesia, que según las distintas doctrinas se puede practicar de tres formas: aspersión (rociar), afusión (verter) e inmersión (sumergir).
 
En este sentido, en la Iglesia Católica, y desde el siglo XV, se utiliza la afusión, que consiste en derramar agua sobre la cabeza del novicio. Además, se acompaña de una invocación sacramental en nombre de la Santísima Trinidad.
En la Iglesia Ortodoxa se utiliza la inmersión, primero total y después parcial.
Por último, en la doctrina protestante se practica la aspersión o la inmersión.
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